salar de uyuni 2006

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Tuesday, March 21, 2006

Diario de Edu - Dia 8

3 marzo 2006
Uyuni – Potosí (445 Km)

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Sonaron los despertadores a las 4:45AM. A las 5:20AM ya estábamos en marcha rumbo a Colchani y el Salar.

La panorámica que nos encontramos en el Salar de Uyuni, a la luz del alba, nos dejó a todos boquiabiertos. Es una superficie, plana y blanca hasta dónde alcanza la vista y en gran parte del mismo, una fina capa de agua refleja el cielo y las montañas en el horizonte. Es impresionante, realmente no se puede describir con palabras, hay que verlo.


Cruzamos la parte seca del salar y dejamos atrás el Hotel de Sal para adentrarnos en la parte inundada por un palmo de agua.

Al Norte podíamos observar el Volcán Thunupa. Cuenta la leyenda que Thunupa Taika (madre de las madres) era una bellísima mujer llegada de otras tierras y que tuvo muchos pretendientes a los que rechazó hasta conocer a Uscañi, cerro ubicado entre Uyuni y Colchani. Tuvieron un hijo, pero la bella Thunupa todavía era pretendida por varios galanes y los celos de Uscañi hicieron que al final ella le abandonase, dejándolo con el hijo de ambos. Entonces aparecioó Kora Kora, un nuevo pretendiente que sedujo a Thunupa regalándole un par de abarcas de oro, pero que también fue presa de los celos. Así sucedió que desafió a otro de los galanes, Chiluma, a un duelo. Kora Kora fue herido de muerte por lo que Thunupa se quedó junto a Chiluma. Dice la leyenda que el salar se formó con la leche que vertían los senos de Thunupa al no haber podido alimentar a su hijo y con las lagrimas que ella lloró. Dicen que los Dioses, enojados por tanta trifulca, los convirtieron a todos en montañas. Y ahí siguen.

Con ésta leyenda en la mente llegamos a Incahuasi (casa del Inca, conocida como Isla del Pescado). Nos registramos en el libro de visitas y desayunamos a orillas de ese “mar de sal”. Después nos dispusimos a recorrer la isla, recreándonos en el increíble paisaje, los impresionantes cactus y la sobrecogedora calma que respira en éste incomparable lugar.

Nos hartamos a sacar fotos en la isla, fotos con los reflejos del agua, fotos saltando, fotos de todo lo que se nos ocurría. Creo que hubiéramos pasado ahí todo el día, pero había que regresar y eso hicimos.


Parte del trayecto de retorno lo hicimos encaramados a las parrillas (vacas) de nuestros vehículos, convirtiendo la travesía en una experiencia aun más inolvidable si cabe.

Nos encontrábamos ya en la parte seca del salar cuando el motor del Papamóvil 1 comenzó a recalentarse. Nos detuvimos y pudimos comprobar que los motores de ambos vehículos estaban totalmente cubiertos por un costra de sal de medio centímetro de espesor. Llegamos a la conclusión de que la sal debía estar tapando la rejilla de ventilación. Hicimos lo que pudimos para eliminar la sal del radiador, pusimos más agua en el mismo y decidimos comer mientras dejábamos enfriarse los motores. Aprovechamos para sacar algunas fotos curiosas aprovechando el fondo inigualable que nos ofrecía la sal.

Pudimos continuar, llegando al Hotel de Sal, dónde nos detuvimos para comprobar que es cierto que esta fabricado completamente a base de sal (muros, sillas, mesas, en definitiva, todo excepto el tejado). Sacamos fotos y compramos algunos recuerdos del salar. Sin tiempo para mas continuamos hasta salir del salar por Colchani, donde nos volvimos a detener para refrigerar el motor del Papamóvil 1 para hacer algunas compras más.

Estábamos a unos 15km de Uyuni cuando el Papamóvil 1 dijo basta. No tenia potencia y se estaba calentando en exceso. Decidimos recurrir de nuevo al cable de arrastre y remolcarlo con el Papamóvil 2 hasta Uyuni para que lo mirase un mecánico. Así, llegamos a Uyuni. La primera parada fue un auto-lavado. Queríamos ver si el problema se podía solucionar eliminando toda la sal en el motor. Hicimos lavar a conciencia ambos vehículos, pero el Papamóvil 1 seguía sin andar bien, así nos pusimos a buscar un mecánico. El mecánico capo del pueblo estaba aún de carnaval y lo más que logramos fue el consejo de meter la manguera con agua por el tubo de escape, por si éste estuviese obstruido de sal y ese fuese el problema. Dicho y hecho, después del manguerazo el motor del Papamóvil 1 volvió a rugir y sabíamos que estábamos de nuevo listos para continuar nuestro camino. Ya era tarde y hubo un breve debate sobre si debíamos hacer noche en Uyuni y salir a primera hora de la mañana hacía Potosí o si partíamos directamente para poder aprovechar al máximo al día siguiente nuestra estancia en ésta ciudad. Al final nos decidimos por “darle no más” y así, tras un breve paréntesis para comernos unas pizzas y hacer acopio de bebidas para el viaje, nos pusimos en marcha a las 9 de la noche.

Lo cierto es que la carretera entre Uyuni y Potosí es horrible, sobre todo en los tramos más montañosos, dónde la carretera se estrecha muchísimo y si encima uno se encuentra de frente con un camión o con un micro, podemos dar fe que la cosa se complica.

A pesar de las dificultades, llegamos a Potosí sanos y salvos. Tras unas cuantas vueltas buscando el Hotel Cima Argentum (˜˜˜˜) y alguna que otra discusión con el conserje de noche, caímos rendidos en nuestras camas después de otro día agotador.

1 Comments:

  • At 6/5/12, Blogger Romina said…

    Que lindas fotos, que fantástico viaje y que lugar tan maravilloso.....y qué envidia, jajaja!!
    En breve retorno a mi tierra, la bella Argentina, para quedarme.....
    Al Salar de Uyuni, iré, me fascinó.... a ver si me llevo al Dani....
    Romi

     

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