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Thursday, March 23, 2006

Diario de Edu - Dia 9

4 Marzo 2006
Potosí - Oruro (321 Km)

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Por la mañana se formo un grupo formado por David, Paola, Edu, Kathe, Juan y Javi, que se fueron a primera hora a la Casa de la Moneda, pasando antes por Koala Tours para reservar una visita a una mina. El resto del equipo decidió tomarse las cosas con más calma, durmiendo un poco más, paseando por las calles y almorzando como Dios manda en El Fogón (lo recomendaron efusivamente).

El grupo explorador hizo la visita a la Casa de la Moneda, muy interesante e instructiva. Aprendieron la historia de Cerro Rico y como creció a sus faldas la ciudad de Potosí. También pudieron ver como evolucionaron con los años las técnicas de acuñar monedas. Tras un cafetito en la cafetería del museo, se dirigieron al Koala Tours para realizar el viaje a la mina.

El guía los llevo, en primer lugar, a un cuchitril dónde guardan la equipación reglamentaria para la mina, que consiste en pantalones y chaqueta de plástico (que da un calor del carajo), botas de goma, casco y lampara que va enganchada al mismo y que viene con una batería que va enganchada a la cintura. Ataviados de esta guisa, se apelotonaron en una pequeña furgoneta y se dirigieron hacia el mercado minero, dónde Rolando, su guía, les explico el funcionamiento de los explosivos usados por los mineros así cómo algunas tradiciones de los mismos. Una de éstas tradiciones consiste en hacer una especie de brindis con alcohol, derramando un poco en el suelo para pedir la bendición de la Pachamama (Madre Tierra). Obviamente, nuestros aventureros no pudieron dejar de hacer el ritual, es más, hubieran estado encantados, de no ser por el pequeño detalle de que esto se hace con alcohol de 96º. A pesar de ello, respetaron la tradición y no ofendieron a la Pachamama. Además, compraron varios lotes de explosivos, compuestos por un cartucho de dinamita (si, TNT, como la del coyote), mecha retardante y bolsita de anfo (Amonic Nitrate Fuel Oil). También compraron algunas sodas, cigarrillos y bolsas de coca para regalar a los mineros.

Después de una subida algo bacheada y bastante apretujados y acalorados, llegaron a las faldas de Cerro Rico y se adentraron en Mina Candelaria.


Galerías con el techo muy bajo y paredes estrechas. Pobre ventilación. Temperatura que crece inexorablemente a medida que uno se interna en las entrañas de la montaña. Polvo que dificulta la respiración. Ausencia de iluminación excepto la lámpara que cuelga del casco. Rocas en precario equilibrio que amenazan con desmoronarse en cualquier momento. Turnos de trabajo que van desde las 8 hasta las 24 horas. Estas son las condiciones existentes en la mina. Lo que debe quedar reseñado es que los mineros con los que el equipo se encontró durante su visita, más allá del agradecimiento que pudieran tener por los regalos que les eran ofrecidos o de los ingresos que obtienen con las visitas de turistas, mostraron en todo momento una faceta humana difícil de explicar en un lugar así, con sentido del humor, amabilidad y paciencia.

No podía faltar la visita al Tío, figura que representa al Diablo, al que se supone dueño de todo aquello que existe bajo tierra y a quien piden su bendición para salir ilesos de la mina y, de ser posible, les muestre una vena rica en mineral. Dieron de fumar al Tío y regresaron a la superficie. Lo que es seguro es que ese tiempo que nuestros amigos pasaron en la mina quedara grabado para siempre en sus memorias.

Una vez fuera de la mina, nuestro guía le dio a Javi una bolsa de explosivo para que éste hiciera los honores. Javi, moldeo la dinamita, le colocó el detonador y lo puso todo en la bolsa de anfo. Rolando prendió la mecha y dijo: “¿Quién quiere sujetarlo?”. Edu saltó: “Yo, yo, dame”. Agarró el explosivo con una mano y la mecha con la otra. “Sácame la foto, rápido”, gritó mientras notaba el calorcillo de la mecha entre los dedos. En cuanto estuvo hecha la foto, rápidamente le paso la patata caliente (creo que nunca mejor dicho) a David, que repitió la operación. El ayudante del guía agarró la bomba y se la llevó a unos 30 metros de ahí. Apenas estuvo de vuelta la bomba hizo explosión, con una fuerza tal que nuestros amigos sintieron la onda expansiva y se preguntaron si lo que habían hecho David y Edu era o no era un boludez.

El grupo regresó a la ciudad dónde pudieron visitar un ingenio dónde se separan los minerales valiosas (en este caso, plata, plomo y zinc) de la roca estéril. Tras esta visita, regresaron al cuchitril, dejaron los aperos de la mina, recuperaron sus cosas y fueron conducidos de vuelta a la Casa de la Moneda, dónde David, Javi y Juan acuñaron su propia moneda de plata de Bs150.

Todo el grupo se volvió a reunir en el hotel y así, todos juntos, partimos hacia la ciudad de Oruro. Poco tiempo después de salir de Potosí, ¿a quién creen que vimos en la carretera? Pues ni mas ni menos que a nuestro amigo Luís Miguel “Corazón Viajero”. Casualidades de la vida. Afortunadamente, ésta vez no precisábamos de su ayuda. A medio camino nos detuvimos en Challapata, para meternos una cenita a base de sopa, milanesas de pollo y sándwiches de lomo. El viaje hasta Oruro transcurrió sin incidentes. Encontramos el Hotel Villa Real San Felipe (˜˜˜˜) y procedimos a ocupar nuestras habitaciones. Edu y Hugo salieron con el conserje para dejar los papamóviles en el parqueo. Lo que debía ser una operación sencilla y breve se prolongo por espacio de una hora, debido a la cabezonería de los “parqueadores” a los que hizo falta coimar para que dejasen guardar los autos y aun así, después de largas discusiones. Por si eso no fuese suficiente, para regresar al hotel tuvieron que tomar un taxi. El taxista parecía empeñado en estrellar el coche contra la acera (por delante y por detrás), en amagar con chocarse contra otros coches y, en definitiva, hacer pasar un mal rato a nuestros amigos.

Afortunadamente, todo el mundo llegó entero a la cama y esa noche todo el mundo durmió a pierna suelta.

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