Diario de Edu - Dia 3
Sucre – Potosi - Tupiza (456 Km)
Solucionado el inconveniente, contratamos los servicios de un simpático taxista que nos llevó primero a una gomería para dejar la llanta en reparación y después a la cantera dónde se encuentran las famosas huellas de dinosaurio. Nos costó un poquito convencer al paco (policía, en Bolivia, no sabemos cual era su nombre), pero la charla de nuestro taxista y una coima de Bs100 (pesos bolivianos), ofrecida por David, solucionó todo. Pudimos ver la huellas en una pared casi vertical y podemos decir que es realmente espectacular (aunque yo mantengo que las chiquititas de la derecha son de Dino y, si uno se fija bien, se pueden distinguir las de Pedro, persiguiéndolo y gritando “Ya-ba-da-ba-doo!”). Sacamos las fotografías de rigor y fuimos en busca de una escobilla para el limpiaparabrisas del Papamóvil 1 y a recoger la llanta en reparación. La suela de la zapatilla de Edu había decidido separarse del resto, así que él le pidió al amable ayudante del gomero que se la pegase con un poco de cola. ¿Aguantará? To be continued...
Nos despedimos de nuestro fiel taxista en el mirador que corona la ciudad y desde dónde contemplamos la hermosa vista a nuestros pies. Desde ahí iniciamos un pequeño “city tour” y nos estacionamos en la plaza para comprar sorojchipil (pastillas para el mal de altura) y alguna que otra cosilla.¡Ahí empezó el carnaval! Los niños que había en los balcones nos tomaron cómo blanco de sus vejigas (globos) de agua. Hugo, decidió comprar sus propios globos para hacer la guerra por su cuenta. Después, mientras comprábamos agua y hielo para el viaje, se desataron las hostilidades cuando varios miembros del Papamóvil 1 atacaron con globos a los ocupantes del Papamóvil 2, quienes contraatacaron con las únicas armas de que disponían, las botellas de agua que acababan de comprar. Por si fuera poco, el culo de Edu fue cruelmente violado por un globo lanzado desde una camioneta de carnavaleros mientras estaba agachado en posición más que vulnerable.
Después de la “mohasón”, dejamos Sucre rumbo a Potosí. Casi todo el camino transcurrió con tranquilidad: buena carretera, hermosos paisajes y buen humor. Eso fue hasta que llegamos a Potosí, dónde el motor del Papamóvil 1 comenzó a hacer cosas extrañas y a perder potencia. Decidimos ir al centro, comer algo y después solucionar el problema con el auto.
Enseguida nos dimos cuenta de que no iba a ser una visita cualquiera. La mojazón y el carnaval estaban en pleno apogeo. Las comparsas cantaban y bailaban por las estrechas calles. “Me encanta Potosí!”, repetía Edu. Para cuando llegamos a un lugar dónde comer, ya habíamos sufrido varios ataques de agua. En uno de éstos lances David, dando muestras de gran temple y sangre fría, salió corriendo detrás de un niño, gritando “…ven aquí hijo de la gran p#&% !!!”. Comimos unas típicas hamburguesas potosinas y David partió en el Papamóvil 1 con un mecánico y, mientras los demás tomaban café, Juan y Edu se fueron a la plaza a comprarse unos globos de agua para tomar parte en las hostilidades acuáticas. Fue un combate reñido, emocionante y disputado con honor. Al final no hubo ni vencedores ni vencidos (aunque, según Edu, “…el carajillo de la pistola se llevo una buena…”. Edu logró terminar completamente empapado mientras el resto de los miembros de la expedición se resguardaban del agua, abarrotados dentro del Papamóvil 2.
Después de un buen rato, David regresó con el mecánico y todos juntos nos marchamos al taller para tratar de solucionar el fallo del motor. Ahí descansamos, tendimos la ropa mojada al sol, tomamos mate y jugamos a las cartas.Con el ocaso, ambos vehículos en perfectas condiciones, la expedición abandonó Potosí rumbo a Tupiza. Transcurría tranquilo el viaje por el camino de ripio entre Potosí y Tupiza cuando la comitiva se detuvo para un puchito y para admirar las estrellas que se veían espectaculares gracias a la luna nueva, a un aire limpísimo y a los 4000m de altitud.
Entonces ocurrió la tragedia. Por culpa de la poca visibilidad provocada por una nube de polvo, el Papamóvil 2 sufrió una salida de pista y cayo en una zanja de más de 1 metro de profundidad. El vehiculo quedó inclinado a un ángulo dramático. Afortunadamente, todos los ocupantes pudieron salir por su propio pié e ilesos, salvo por algún que otro golpe y moratón. La situación no podía ser peor. Estábamos en medio de ninguna parte, de noche y con uno de los vehículos atascado sin solución. Una flota (autobús) se detuvo cuando nos vio y no fue precisamente para darnos ánimo: “…yo los veo aquí hasta la mañana…”, nos decían.
Inmediatamente nos pusimos manos a la obra, trasladando piedras y tierra para llenar la parte de la zanja delante del auto. Un amable camionero se negó a quedarse y prestarnos ayuda, pero nos vendió un pico por Bs30. Con éste apero y la pala que traíamos de Santa Cruz comenzamos a rebajar los bordes de la zanja para tratar de evitar daños a los bajos del Papamóvil en el momento que tratáramos de sacarlo. Así laburamos durante 2 horas. Cuando ya nos encontrábamos al borde de la extenuación acudió en nuestro auxilio el gran Luís Miguel. No, no el cantante, Luís Miguel “Corazón Viajero”, camionero potosino que se ofreció a enganchar nuestro Papamóvil a su camión. Rápidamente colocamos el cable de arrastre y le dijimos que esperase la orden de jalar. David se puso a los mandos del Papamóvil, arranco el motor, puso la doble tracción y dio la señal de pulgares arriba. Todos aguantamos la respiración mientras Javi le gritaba a Luis Miguel: “¡Dele!”. El camionero puso primera y comenzó a avanzar lentamente. Se tensó el cable de arrastre y el Papamóvil 2 empezó a moverse. Avanzó y avanzó hasta salir de la zanja. Todos gritamos al unísono y nos abrazamos alborozados. El Papamóvil estaba libre y funcionaba, aunque tenía el costado más arrugado que un billete de 10 pesos. Pero eso era lo de menos, lo importante es que podíamos continuar. Recompensamos al bueno de Luismi y a su ayudante con Bs100, cargamos de nuevo el equipaje y nos pusimos en marcha. Al final todo quedó en una anécdota más dentro de nuestro viaje. Afortunadamente, nos tomamos la situación con humor: Hugo amenizo el trabajo con ese gran tema musical “En el auto de papa”, Edu se transformo durante un par de horas de lobo estepario en topo excavador y Rini en ningún momento dejó de sacar fotos ni de grabar videos.Continuamos la marcha hacia Tupiza dónde, sin más incidentes, llegamos al filo de la madrugada. Pedimos indicaciones hacía el Hotel Mitra, primero a una chica que, más que una explicación, nos hizo una imitación perfecta de una boa constrictor y después a una pareja formada por un Señor y su Señora cholita, borrachísimos y empeñados en explicarnos que en español “buedos dias ze dise buedas noshes”. Al final nos dejamos de tonterias y contratamos un taxi para guiarnos.
Debido a los 2 días tan duros que habíamos tenido, decidimos tomarnos la siguiente jornada de descanso, para reponer fuerzas y tratar poner a punto los papamóviles para lo que nos restaba de viaje. Esa noche dormimos, como nunca.
1 Comments:
At 17/3/06,
Anonymous said…
oh, unforgettable night.
oye, mas o menos cuantos kilos de piedras trasladamos esa noche? :-P
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